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CUEVA DE LOS TAYOS HISTORIA PERDIDA DEL CONTINENTE AMERICANO
Las repercusiones fueron inmediatas. Un investigador suizo, Erich Von Daniken, escribió un libro, “El Oro de los Dioses”, donde dio a conocer el sensacional descubrimiento. La controversia no tardó en desatarse, y después de algunos desencuentros, la fabulosa historia ecuatoriana quedó en el olvido.
Esas pautas dicen que nuestro continente es nuevo en comparación a otros. Que las civilizaciones que nos precedieron no son autóctonas del mismo, y que si bien nuestras antiguas culturas fueron avanzadas, no fueron suficientemente desarrolladas, porque carecieron del conocimiento de la rueda y escritura. Todos estos dogmas se ven cuestionados, si pensamos que cuando los conquistadores arribaron a esta región, se encontraron con varias particularidades. En primer lugar, se percataron de la existencia de miles de ciudades muertas, ruinas misteriosas de las cuales los locales no tenían noción sobre su procedencia, salvo antiguas leyendas que hablaban de razas desaparecidas anteriores al diluvio. También advirtieron que inmensos túneles subterráneos surcaban los subsuelos americanos, verdaderas obras de ingeniería que desafiaban toda lógica.
Tal vez si la destrucción de documentación no hubiera sido tan intensa, como la practicada por los primeros colonizadores de estas tierras, se hubiera podido conocer más sobre los antiguos habitantes desaparecidos. Pero al parecer a los visitantes, no les interesó conocer esa historia, actitud que los historiadores quieren atribuir a la poca falta de instrucción de estos denominados “civilizadores”, así como a la influencia religiosa en su lucha contra el paganismo. Claro que a nuestros ojos, la aparente destrucción de información, obedece a intereses ocultos, detalles omitidos por los cronistas que aún no han visto la luz. ¿Conspiración? De ese tema hablaremos en otra ocasión. Sin memoria pasada, e ignorante de los acontecimientos ocurridos antes de la venida de los primeros conquistadores, nuestro continente se erige como un inmenso rompecabezas que devela a los estudiosos de la actualidad, preguntándose sobre esas antiguas civilizaciones que nadie sabe como se iniciaron. Estudiosos, que a su vez practican los mismos postulados de hace 515 años, inalterables, rígidos, e inflexibles, que impiden desarrollar nuevas variantes, y no permiten solucionar los enigmas presentes.
Podríamos enumerar cientos de variables que escapan a estos marcos prefijados, pero solo vamos a detenernos en tres, que creemos cumplen con estos requisitos ayudando a sustentar nuestra hipótesis. Veamos: Si nuestro continente es relativamente nuevo en comparación a otros ¿Por qué la pirámide más antigua de Egipto, Sakkara, es una edificación sospechosamente similar a las pirámides que se erigen en el resto de América?
Si nuestros ancestros carecieron de escritura y no conocieron la rueda ¿Cómo pudieron levantar las piedras que dieron vida a Sacsahuamán en Perú?
Y por último, si no somos originarios de este continente ¿Por qué se siguen descubriendo ciudades muertas que los locales dijeron fueron construidas por razas desaparecidas, algunas de enorme estaturas, que sucumbieron luego de un violento cataclismo
Es en este contexto, donde debemos empezar a situar el descubrimiento ecuatoriano, para comenzar a comprender entonces su trascendencia.
Débora Goldstern |
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